Dios juzgará a las naciones 34 1Isaías advirtió:   «Pueblos y naciones, habitantes de toda la tierra: ¡Acérquense y escuchen! ¡Presten atención! 2Dios está enojado con ustedes y con todos sus ejércitos. Dios los ha condenado a una total destrucción.   3»Por las montañas correrán verdaderos ríos de sangre. Los muertos quedarán abandonados, y despedirán mal olor. 4Los planetas dejarán de verse, el cielo se cerrará, y las estrellas caerán como hojas secas en otoño». Dios castigará al reino de Edom 5Isaías continuó diciendo:   «Ya se ve en el cielo la espada de nuestro Dios; está a punto de castigar a todo el pueblo de Edom. ¡Dios lo ha condenado a muerte! 6Habrá una matanza en Bosrá, la ciudad capital de Edom, y correrá mucha sangre. La espada de Dios se empapará de sangre y de grasa, como cuando en el altar se ofrecen corderos y cabras. 7La gente caerá muerta como los toros en el matadero. Su país se empapará de sangre; ¡la tierra se llenará de grasa! 8Ese día Dios se vengará; será el año de su venganza en favor de Jerusalén.   9»Por los arroyos de Edom correrá brea[A] en vez de agua; la tierra se volverá azufre y arderá como resina caliente, 10que arde todo el tiempo y siempre levanta mucho humo. El país quedará abandonado para siempre, y nadie volverá a pasar por allí. 11Dios convertirá ese país en el más árido desierto. Allí se refugiarán los búhos; allí pondrán sus nidos los cuervos y las lechuzas.   12»No volverán a tener reyes, y se quedarán sin jefes. 13En sus palacios y fortalezas crecerán cardos y espinos, y allí buscarán refugio los chacales y los avestruces. 14Allí las cabras se llamarán unas a otras; se juntarán los chacales y los gatos monteses.   »Allí encontrará su lugar el fantasma que espanta de noche; 15allí anidará la serpiente, que pondrá sus huevos y tendrá sus crías; ¡allí se reunirán los buitres, cada uno con su pareja!   16»Estudien el libro de Dios; lean lo que allí dice: De todos estos animales no faltará uno solo; todos tendrán su pareja porque así Dios lo decidió; Dios los ha reunido con un soplo de su aliento. 17A cada uno de estos animales le dio su propio territorio, y allí vivirán para siempre».
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