37 121-2Ésta es la historia de Jacob, que vivió en la tierra de Canaán, donde antes su padre había vivido como extranjero. Los sueños de José Cuando José tenía diecisiete años, ayudaba a sus hermanos, los hijos de Bilhá y de Zilpá, a cuidar las ovejas. Pero José le contaba a su padre lo mal que se portaban sus hermanos. 3Jacob amaba a José más que a sus otros hijos, pues había nacido cuando ya era muy anciano. Por eso le hizo una capa de muchos colores. 4Pero sus hermanos lo odiaban, y ni siquiera le hablaban, pues veían que su padre lo quería más que a ellos. 5Un día José tuvo un sueño. Cuando se lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más, 6pues les dijo:   —Anoche tuve un sueño, 7y soñé que estábamos en medio del campo, atando el trigo en manojos. De repente, mi manojo se levantó y se quedó bien derecho, mientras los de ustedes lo rodeaban y se inclinaban ante él.   8Sus hermanos protestaron:   —¡Ahora resulta que vas a ser nuestro rey y nuestro jefe!   Y por causa del sueño y por lo que decía, creció en ellos el odio que le tenían. 9José tuvo otro sueño, y también se lo contó a sus hermanos. Les dijo:   —Fíjense que tuve otro sueño. Resulta que esta vez el sol, la luna y once estrellas, se inclinaban ante mí.   10Cuando les contó este sueño a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió, y le dijo:   —¿Qué clase de sueño es ése? ¿Quieres decir que tu madre y tus hermanos, y yo mismo, vamos a ser tus esclavos?   11Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre trataba de entender el significado de sus sueños. José es vendido como esclavo 12Los hermanos de José habían llevado las ovejas de su padre a los pastos de Siquem. 131413-14Unos días después, Jacob le dijo a José:   —Ya sabes que tus hermanos están en Siquem, cuidando las ovejas. Quiero que vayas a ver si todo está bien, y que regreses a contármelo.   —Sí, papá, enseguida voy —le respondió.   José salió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem, 15pero no encontró a sus hermanos por ningún lado. Poco después lo encontró un hombre y le preguntó:   —¿Qué andas buscando?   16José le respondió:   —Busco a mis hermanos y a sus rebaños. Tal vez usted pueda decirme dónde están.   17Aquel hombre contestó:   —Hace días que se fueron. Alcancé a oír que se iban a Dotán.   José siguió buscando a sus hermanos, y allá los encontró. 18Cuando ellos lo vieron acercarse, antes de que él llegara a donde ellos estaban, se pusieron de acuerdo para matarlo. 19Unos a otros se decían:   «¡Vaya, vaya! ¡Aquí viene ese gran soñador! 20Vamos a matarlo y a echarlo en uno de estos pozos, y diremos que algún animal feroz se lo comió. ¡Ya vamos a ver si se cumplen sus sueños!»   212221-22Al oír esto, Rubén trató de librar a José de sus hermanos, para luego llevárselo a su padre. Por eso les dijo: «No está bien que lo matemos. ¿Para qué matarlo? Si quieren, échenlo en este pozo del desierto; ¡pero no le hagan daño!» 23Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la capa que su padre le había hecho 24y lo echaron al pozo, que estaba seco. Y Rubén se fue. 25Los hermanos se sentaron a comer. De pronto vieron que se acercaba un grupo de comerciantes. Eran unos ismaelitas que venían de Galaad. Sus camellos estaban cargados de finos perfumes y hierbas de rico olor, que los ismaelitas pensaban vender en Egipto. 26Judá entonces les dijo a sus hermanos:   «No ganamos nada con matar a nuestro hermano, y luego tener que mentir acerca de su muerte. 27Nos conviene más vendérselo a estos ismaelitas. Después de todo, José es nuestro hermano; ¡es de nuestra propia familia!»   Esta idea les pareció bien, 28así que cuando los comerciantes pasaron por allí, los hermanos de José lo sacaron del pozo y lo vendieron en veinte monedas de plata. Entonces los comerciantes se lo llevaron a Egipto. 29Cuando Rubén regresó y vio que José ya no estaba en el pozo, rompió su ropa en señal de tristeza, 30y luego fue a decirles a sus hermanos: «¡José ya no está en el pozo! Y ahora, ¿qué le voy a decir a mi padre?» 31Mataron entonces un cabrito, y con la sangre del cabrito mancharon la capa de José. 32Luego le llevaron la capa a Jacob, y le dijeron:   —¡Mira lo que encontramos! Nos parece que es la capa de tu hijo.   33Jacob la reconoció, y lleno de dolor gritó:   —¡Sí, es la capa de mi hijo! ¡Seguramente algún animal feroz lo hizo pedazos y se lo comió!   34Allí mismo Jacob rompió su ropa en señal de tristeza, se vistió de luto, y durante mucho tiempo lloró por la muerte de su hijo. 35Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar con José. 36Cuando los comerciantes llegaron a Egipto, vendieron a José. Lo compró Potifar, que era un oficial del rey de Egipto y capitán de la guardia.
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