23 1Dios mío, padre y dueño de mi vida, ¡no dejes que la lengua me domine! ¡No permitas que me haga pecar! 2Permite que tu sabiduría corrija mis pensamientos, y que no pase por alto mis faltas y mis errores; 3así no volveré a ofenderte ni seguiré aumentando mis pecados, ni se burlarán mis enemigos por haberme visto humillado.   4Dios mío, padre y dueño de mi vida, no me dejes ser orgulloso; 5¡aparta de mí los malos deseos; 6no dejes que me dominen los vicios! No hay que jurar 7Queridos jovencitos, si me prestan atención aprenderán a hablar bien y no caerán en la trampa. 8Los pecadores quedan atrapados en sus propias palabras; y los groseros y orgullosos fracasan por hablar demasiado.   9No se acostumbren a jurar, ni pronuncien a cada momento el santo nombre de Dios. 10El criado que siempre es vigilado no se libra de recibir un golpe; tampoco se librará del castigo el que a cada rato jura usando el nombre de Dios. 11Ese hombre comete pecado si promete algo y no lo cumple, y doble pecado comete si hace un juramento en falso. ¡Sobre su casa vendrá la desgracia! La grosería en el hablar 12Ofender a Dios es un pecado, que se paga con la muerte. ¡Israelitas, nunca ofendan a Dios! La gente buena no habla así ni se alegra cuando peca. 13No acostumbres decir groserías, porque es pecado hablar así. 14Piensa en tus padres cuando estés con gente importante; porque si te olvidas de ellos y te comportas como un tonto, desearás no haber nacido y maldecirás el día en que naciste. 15Los que acostumbran decir groserías nunca llegan a corregirse. El adulterio 16Hay ciertas clases de personas que cometen muchos pecados y se ganan el castigo de Dios. 17Están los que se dejan llevar por sus malos deseos, ¡y sus deseos son como un fuego que no se apaga hasta consumirse!   18Después está el marido infiel, que se convence a sí mismo:   «Todo está oscuro. Nadie me ve. Estas paredes me esconden; ¡no hay nada que temer! ¡Ni siquiera el Dios altísimo se dará cuenta de mi pecado!»   19Lo que este hombre teme es que lo vean los demás, sin pensar que Dios puede ver todo lo que pasa en este mundo; sus ojos penetran lo más profundo y alumbran más que el sol. 20Antes de crear el mundo, Dios ya conocía todas las cosas, como también las conoce ahora. 21Así que este hombre será descubierto cuando menos se lo espere, y a la vista de todos será castigado.   22Lo mismo le pasará a la mujer que no es fiel a su marido y tiene un hijo con otro hombre. 23Comienza por desobedecer la ley de Dios, sigue por ser infiel a su marido, y acaba por prostituirse y tener hijos de otro hombre. 24Esa mujer será juzgada por las autoridades del pueblo, y sus hijos sufrirán las consecuencias: 25¡jamás tendrán éxito en la vida!   26Cuando se hable de esa mujer se pronunciará una maldición, y jamás se limpiará su deshonra. 27Entonces todos reconocerán que nada es mejor ni más dulce que amar a Dios y obedecerlo.
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