Desobediencia de Judas Macabeo 8 1Judas Macabeo y sus compañeros recorrían en secreto los pueblos. Invitaban a sus familiares, y a todos aquellos que habían permanecido fieles a la religión judía, a que se unieran a él. Fue así como llegaron a formar un ejército de unos seis mil hombres. 2Como el pueblo de Dios estaba siendo muy maltratado, Judas y su gente le pidieron a Dios que los ayudara. Le pidieron que tuviera piedad de su templo, pues los que no creían en Dios habían adorado allí a dioses falsos. 343-4También, le suplicaron que tuviera compasión de Jerusalén, porque estaba en ruinas, y se encontraba en peligro de que los enemigos la destruyeran por completo. Le pidieron a Dios que castigara a esos malvados por la muerte injusta de tantos judíos y tantos niños inocentes, y que descargara su enojo y les diera su merecido a los que lo habían ofendido. 5Dios los escuchó, calmó su enojo y los ayudó. Por eso Judas Macabeo, al frente de su ejército, empezó a derrotar a sus enemigos, y nadie podía vencerlo. 676-7Judas atacaba por sorpresa a pueblos y a ciudades, y los incendiaba, sobre todo de noche. Elegía los lugares mejor ubicados, y hacía huir a sus enemigos. Así llegó a ser muy famoso, y en todas partes se hablaba bien de él. Tolomeo ordena invadir Judea 8Filipo, el oficial que el rey Antíoco había dejado en Jerusalén, vio que el poder de Judas Macabeo crecía, y que cada vez eran más sus victorias militares. Por eso le escribió a Tolomeo, general de los ejércitos de Celesiria y Fenicia, para que se pusiera a su servicio y lo ayudara. 9Tolomeo envió de inmediato a Nicanor, con un ejército de veinte mil soldados tomados de todas las naciones. Nicanor era hijo de Patroclo, y era uno de los principales amigos del rey. Con él envió también a Gorgias, que era uno de los militares con más experiencia en asuntos de guerra. La misión de Nicanor era destruir al pueblo judío. 10Nicanor pensaba tomar como prisioneros a muchos judíos, y luego venderlos como esclavos. Así pensaba pagar los sesenta y seis mil kilos de plata que el rey Antíoco les debía a los romanos. 11Tan seguro estaba de su plan, que mandó invitaciones a todas las ciudades de la costa, para que fueran a comprar esclavos judíos. Les prometía venderles tres esclavos por un kilo de plata, sin pensar que el Dios todopoderoso lo iba a castigar. 12Cuando Judas Macabeo supo que las tropas de Nicanor estaban cerca, se lo comunicó a su ejército. 13Los cobardes y los que no confiaban en la justicia de Dios, huyeron y fueron a esconderse. 14Pero los demás vendieron lo que les quedaba, y rogaron a Dios que los librara del malvado Nicanor, que ya los había vendido como esclavos aun antes de empezar la batalla. 15En sus oraciones, los judíos le decían a Dios que, si ya no los amaba, los ayudara por respeto a la alianza que él había hecho con sus antepasados. También le pedían a Dios que no permitiera que su fama se viera manchada. Judas vence a Nicanor 16Judas Macabeo logró reunir y reorganizar a sus seis mil soldados, y los animó para que lucharan con valor ante sus malvados enemigos, que los estaban atacando injustamente. 17Les recordó todas las barbaridades que ellos habían cometido contra el templo y la ciudad, y que les habían prohibido seguir las costumbres recibidas de sus antepasados. 18Y les dijo: «Nuestros enemigos confían en su poder y en su habilidad para la guerra, pero nosotros confiamos en el Dios todopoderoso. Con tan sólo mover una mano, nuestro Dios puede derrotar a todos los que vienen a atacarnos; ¡tiene poder hasta para destruir al mundo entero!» 19Judas les recordó a sus soldados cómo Dios había protegido a sus antepasados. Les contó cómo en el tiempo de Senaquerib, rey de Asiria, Dios había matado a ciento ochenta y cinco mil hombres. 20También les habló de lo que sucedió en Babilonia, en la batalla contra los gálatas. En esa ocasión, los judíos se unieron a los macedonios y formaron un ejército de doce mil soldados, para pelear contra sus enemigos. Los macedonios, que eran cuatro mil, estaban a punto de ser derrotados por sus enemigos. Pero los soldados judíos, que eran ocho mil, ayudaron a los macedonios y derrotaron a ciento veinte mil soldados enemigos y les robaron sus pertenencias. Eso fue posible porque Dios vino en ayuda de los judíos. 21Con estas palabras, Judas los animó a que, de ser necesario, murieran por defender la ley de Dios y a su patria. Luego dividió su ejército en cuatro grupos 22de mil quinientos soldados cada uno. Al frente de los grupos puso a sus hermanos Simón, José y Jonatán, 23y Judas mismo se puso al frente del primer grupo. Luego pidió a Eleazar que leyera la Biblia. Después les dijo a sus soldados: «Cuando yo grite: “Dios es nuestra ayuda”, ataquen a Nicanor». 24Y así, también en esta ocasión el Dios todopoderoso los ayudó, ya que pudieron matar a unos nueve mil enemigos y herir a muchos más. Al resto los hicieron huir. 252625-26Los persiguieron por un buen tiempo, pero como ya iba a empezar el sábado, dejaron de hacerlo. Ese día se quedaron con el dinero de los que habían ido a comprarlos como esclavos. 27También se quedaron con las armas y con todas las cosas que tenían sus enemigos. Luego, para celebrar el sábado, tuvieron un culto de alabanza a Dios, y le dieron gracias, porque ese día había tenido piedad de ellos y los había ayudado. 28Cuando pasó el sábado, se repartieron todo lo que le habían quitado a sus enemigos. Una parte se la dieron a los judíos que habían sido maltratados, a las viudas y a los huérfanos. La otra parte la repartieron entre todos los que habían participado en la batalla, y entre sus hijos. 29Después de esto, todos se reunieron para orar a Dios y pedirle que tuviera misericordia, pues ellos eran sus servidores y querían estar en paz con él. Otras victorias militares 30Judas y sus hombres también se enfrentaron al ejército del país de Amón, que era dirigido por el general Timoteo, y al ejército de Báquides, gobernador de la región oeste del río Éufrates. Mataron a más de veinte mil soldados y se quedaron con las ciudades amuralladas. En esa ocasión también repartieron el botín en dos partes: una para las viudas, los huérfanos, los ancianos y los que habían sido maltratados. La otra parte la repartieron entre todos los soldados. 31Las armas de los enemigos vencidos quedaron guardadas en un lugar seguro, y lo demás se lo llevaron a Jerusalén. 32También mataron al capitán del ejército de Timoteo, que era un hombre malvado y había hecho mucho daño a los judíos. 33Cuando estaban en Jerusalén, celebrando su triunfo, quemaron vivos a los que habían incendiado las puertas del patio del templo. Luego sacaron a Calístenes, que se había escondido en una pequeña casa, y también lo quemaron. Así recibió el justo castigo por su falta de respeto al templo. Nicanor reconoce la grandeza de Dios 34Nicanor, ese terrible criminal enviado por el rey Tolomeo, que había llamado a mil comerciantes para venderles como esclavos a los judíos, 35fue humillado por Dios. Aquellos que, según él, no valían nada, lo derrotaron y le quitaron sus finas vestiduras. Así tuvo que huir solo por los campos, hasta que llegó a Antioquía. Pero a él le fue mejor que a su ejército, que fue totalmente destruido. 36El que planeaba pagar los impuestos a los romanos, y que vendía a los judíos como esclavos en Jerusalén, tuvo que reconocer que éstos tenían un defensor que peleaba por ellos, y aceptar que eran invencibles porque obedecían las leyes de su Dios.  
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