La transfiguración 17 a – Lc 9:28-36a – Mr 9:2-131Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a *Jacobo y a Juan, el hermano de Jacobo, y los llevó aparte, a una montaña alta. 2Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz. 3En esto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús. 4Pedro le dijo a Jesús: —Señor, ¡qué bien que estemos aquí! Si quieres, levantaré tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías. 5Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!» 6Al oír esto, los discípulos se postraron sobre su rostro, aterrorizados. 7Pero Jesús se acercó a ellos y los tocó. —Levántense —les dijo—. No tengan miedo. 8Cuando alzaron la vista, no vieron a nadie más que a Jesús. 9Mientras bajaban de la montaña, Jesús les encargó: —No le cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del hombre *resucite. 10Entonces los discípulos le preguntaron a Jesús: —¿Por qué dicen los *maestros de la ley que Elías tiene que venir primero? 11—Sin duda Elías viene, y restaurará todas las cosas —respondió Jesús—. 12Pero les digo que Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron. De la misma manera va a sufrir el Hijo del hombre a manos de ellos. 13Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista.   Jesús sana a un muchacho endemoniado   a – Mr 9:14-28; Lc 9:37-4214Cuando llegaron a la multitud, un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él. 15—Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. 16Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo. 17—¡Ah, generación incrédula y perversa! —respondió Jesús—. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme acá al muchacho. 18Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquel momento. 19Después los discípulos se acercaron a Jesús y, en privado, le preguntaron: —¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? 20—Porque ustedes tienen tan poca fe —les respondió—. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.[N] 2122Estando reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. 23Lo matarán, pero al tercer día resucitará.» Y los discípulos se entristecieron mucho.   El impuesto del templo   24Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Capernaúm, los que cobraban el impuesto del *templo[O] se acercaron a Pedro y le preguntaron: —¿Su maestro no paga el impuesto del templo? 25—Sí, lo paga —respondió Pedro. Al entrar Pedro en la casa, se adelantó Jesús a preguntarle: —¿Tú qué opinas, Simón? Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran tributos e impuestos: a los suyos o a los demás? 26—A los demás —contestó Pedro. —Entonces los suyos están exentos —le dijo Jesús—. 27Pero, para no *escandalizar a esta gente, vete al lago y echa el anzuelo. Saca el primer pez que pique; ábrele la boca y encontrarás una moneda.[P] Tómala y dásela a ellos por mi impuesto y por el tuyo.  
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