XII. PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN Conspiración para arrestar a Jesús 26 1Cuando Jesús terminó toda su enseñanza, dijo a sus discípulos: 2—Como ustedes saben, dentro de dos días es la fiesta de la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen. 3Por aquel tiempo, los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos se reunieron en el palacio de Caifás, el sumo sacerdote, 4e hicieron planes para arrestar a Jesús mediante algún engaño, y matarlo. 5Pero decían: —No durante la fiesta, para que no se alborote la gente. Una mujer derrama perfume sobre Jesús 6Jesús estaba en Betania, en casa de Simón, al que llamaban el leproso; 7en esto se le acercó una mujer que llevaba un frasco de alabastro lleno de un perfume muy caro. Mientras Jesús estaba a la mesa, ella le derramó el perfume sobre la cabeza. 8Los discípulos, al verlo, se enojaron y comenzaron a decir: —¿Por qué se desperdicia esto? 9Pudo haberse vendido por mucho dinero, para ayudar a los pobres. 10Jesús lo oyó, y les dijo: —¿Por qué molestan a esta mujer? Ha hecho una obra buena conmigo. 11Pues a los pobres los tendrán siempre entre ustedes, pero a mí no siempre me van a tener. 12Lo que ha hecho esta mujer, al derramar el perfume sobre mi cuerpo, es prepararme para mi entierro. 13Les aseguro que en cualquier lugar del mundo donde se anuncie esta buena noticia, se hablará también de lo que hizo esta mujer, y así será recordada. Judas traiciona a Jesús 14Uno de los doce discípulos, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes 15y les dijo: —¿Cuánto me quieren dar, y yo les entrego a Jesús? Ellos le pagaron treinta monedas de plata. 16Y desde entonces Judas anduvo buscando el momento más oportuno para entregarles a Jesús. La Cena del Señor 17El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: —¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? 18Él les contestó: —Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está cerca, y voy a tu casa a celebrar la Pascua con mis discípulos.” 19Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la cena de Pascua. 20Cuando llegó la noche, Jesús estaba a la mesa con los doce discípulos; 21y mientras comían, les dijo: —Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar. 22Ellos se pusieron muy tristes, y comenzaron a preguntarle uno tras otro: —Señor, ¿acaso seré yo? 23Jesús les contestó: —Uno que moja el pan en el mismo plato que yo, va a traicionarme. 24El Hijo del hombre ha de recorrer el camino que dicen las Escrituras; pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Hubiera sido mejor para él no haber nacido. 25Entonces Judas, el que lo estaba traicionando, le preguntó: —Maestro, ¿acaso seré yo? —Tú lo has dicho —contestó Jesús. 26Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo: —Tomen y coman, esto es mi cuerpo. 27Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, diciendo: —Beban todos ustedes de esta copa, 28porque esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre que es derramada en favor de muchos para perdón de sus pecados. 29Pero les digo que no volveré a beber de este producto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre. Jesús anuncia que Pedro lo negará 30Después de cantar los salmos, se fueron al Monte de los Olivos. 31Y Jesús les dijo: —Todos ustedes van a perder su fe en mí esta noche. Así lo dicen las Escrituras: “Mataré al pastor, y las ovejas se dispersarán.” 32Pero cuando yo resucite, los volveré a reunir en Galilea. 33Pedro le contestó: —Aunque todos pierdan su fe en ti, yo no la perderé. 34Jesús le dijo: —Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me negarás tres veces. 35Pedro afirmó: —Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos decían lo mismo. Jesús ora en Getsemaní 36Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: —Siéntense aquí, mientras yo voy allí a orar. 37Y se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse muy triste y angustiado. 38Les dijo: —Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense ustedes aquí, y permanezcan despiertos conmigo. 39En seguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: «Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 40Luego volvió a donde estaban los discípulos, y los encontró dormidos. Le dijo a Pedro: —¿Ni siquiera una hora pudieron ustedes mantenerse despiertos conmigo? 41Manténganse despiertos y oren, para que no caigan en tentación. Ustedes tienen buena voluntad, pero son débiles. 42Por segunda vez se fue, y oró así: «Padre mío, si no es posible evitar que yo sufra esta prueba, hágase tu voluntad.» 43Cuando volvió, encontró otra vez dormidos a los discípulos, porque sus ojos se les cerraban de sueño. 44Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45Entonces regresó a donde estaban los discípulos, y les dijo: —¿Siguen ustedes durmiendo y descansando? Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 46Levántense, vámonos; ya se acerca el que me traiciona. Arrestan a Jesús 47Todavía estaba hablando Jesús, cuando Judas, uno de los doce discípulos, llegó acompañado de mucha gente armada con espadas y con palos. Iban de parte de los jefes de los sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48Judas, el traidor, les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, ése es; arréstenlo.» 49Así que, acercándose a Jesús, dijo: —¡Buenas noches, Maestro! Y lo besó. 50Jesús le contestó: —Amigo, adelante con tus planes. Entonces los otros se acercaron, echaron mano a Jesús y lo arrestaron. 51En eso, uno de los que estaban con Jesús sacó su espada y le cortó una oreja al criado del sumo sacerdote. 52Jesús le dijo: —Guarda tu espada en su lugar. Porque todos los que pelean con la espada, también a espada morirán. 53¿No sabes que yo podría rogarle a mi Padre, y él me mandaría ahora mismo más de doce ejércitos de ángeles? 54Pero en ese caso, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, que dicen que debe suceder así? 55En seguida Jesús preguntó a la gente: —¿Por qué han venido ustedes con espadas y con palos a arrestarme, como si yo fuera un bandido? Todos los días he estado enseñando en el templo, y nunca me arrestaron. 56Pero todo esto sucede para que se cumpla lo que dijeron los profetas en las Escrituras. En aquel momento, todos los discípulos dejaron solo a Jesús y huyeron. Jesús ante la Junta Suprema 57Los que habían arrestado a Jesús lo llevaron a la casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde los maestros de la ley y los ancianos estaban reunidos. 58Pedro lo siguió de lejos hasta el patio de la casa del sumo sacerdote. Entró, y se quedó sentado con los guardianes del templo, para ver en qué terminaría todo aquello. 59Los jefes de los sacerdotes y toda la Junta Suprema buscaban alguna prueba falsa para condenar a muerte a Jesús, 60pero no la encontraron, a pesar de que muchas personas se presentaron y lo acusaron falsamente. Por fin se presentaron dos más, 61que afirmaron: —Este hombre dijo: “Yo puedo destruir el templo de Dios y volver a levantarlo en tres días.” 62Entonces el sumo sacerdote se levantó y preguntó a Jesús: —¿No contestas nada? ¿Qué es esto que están diciendo contra ti? 63Pero Jesús se quedó callado. El sumo sacerdote le dijo: —En el nombre del Dios viviente te ordeno que digas la verdad. Dinos si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. 64Jesús le contestó: —Tú lo has dicho. Y yo les digo también que ustedes van a ver al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo. 65Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas en señal de indignación, y dijo: —¡Las palabras de este hombre son una ofensa contra Dios! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ustedes han oído sus palabras ofensivas; 66¿qué les parece? Ellos contestaron: —Es culpable, y debe morir. 67Entonces le escupieron en la cara y lo golpearon. Otros le pegaron en la cara, 68diciéndole: —Tú que eres el Mesías, ¡adivina quién te pegó! Pedro niega conocer a Jesús 69Pedro, entre tanto, estaba sentado afuera, en el patio. En esto, una sirvienta se le acercó y le dijo: —Tú también andabas con Jesús, el de Galilea. 70Pero Pedro lo negó delante de todos, diciendo: —No sé de qué estás hablando. 71Luego se fue a la puerta, donde otra lo vio y dijo a los demás: —Ése andaba con Jesús, el de Nazaret. 72De nuevo Pedro lo negó, jurando: —¡No conozco a ese hombre! 73Poco después, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: —Seguro que tú también eres uno de ellos. Hasta en tu manera de hablar se te nota. 74Entonces él comenzó a jurar y perjurar, diciendo: —¡No conozco a ese hombre! En aquel mismo momento cantó un gallo, 75y Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y salió Pedro de allí, y lloró amargamente.
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