XI. SERMÓN SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOSJesús anuncia que el templo será destruido 24 1Jesús salió del templo, y ya se iba, cuando sus discípulos se acercaron y comenzaron a atraer su atención a los edificios del templo. 2Jesús les dijo: —¿Ven ustedes todo esto? Pues les aseguro que aquí no va a quedar ni una piedra sobre otra. Todo será destruido. Señales antes del fin 3Luego se fueron al Monte de los Olivos. Jesús se sentó, y los discípulos se le acercaron para preguntarle aparte: —Queremos que nos digas cuándo va a ocurrir esto. ¿Cuál será la señal de tu regreso y del fin del mundo? 4Jesús les contestó: —Tengan cuidado de que nadie los engañe. 5Porque vendrán muchos haciéndose pasar por mí. Dirán: “Yo soy el Mesías”, y engañarán a mucha gente. 6Ustedes tendrán noticias de que hay guerras aquí y allá; pero no se asusten, pues así tiene que ocurrir; sin embargo, aún no será el fin. 7Porque una nación peleará contra otra y un país hará guerra contra otro; y habrá hambres y terremotos en muchos lugares. 8Pero todo eso apenas será el comienzo de los dolores. 9»Entonces los entregarán a ustedes para que los maltraten; y los matarán, y todo el mundo los odiará por causa mía. 10En aquel tiempo muchos renegarán de su fe, y se odiarán y se traicionarán unos a otros. 11Aparecerán muchos falsos profetas, y engañarán a mucha gente. 12Habrá tanta maldad, que la mayoría dejará de tener amor hacia los demás. 13Pero el que siga firme hasta el fin, se salvará. 14Y esta buena noticia del reino será anunciada en todo el mundo, para que todas las naciones la conozcan; entonces vendrá el fin. 15»El profeta Daniel escribió acerca del horrible sacrilegio. Cuando ustedes lo vean en el Lugar santo —el que lee, entienda—, 16entonces los que estén en Judea, que huyan a las montañas; 17y el que esté en la azotea de su casa, que no baje a sacar nada; 18y el que esté en el campo, que no regrese ni aun a recoger su ropa. 19¡Pobres mujeres aquellas que en tales días estén embarazadas o tengan niños de pecho! 20Pidan ustedes a Dios que no hayan de huir en el invierno ni en sábado; 21porque habrá entonces un sufrimiento tan grande como nunca lo ha habido desde el comienzo del mundo ni lo habrá después. 22Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie; pero lo acortará por amor a los que ha escogido. 23»Si entonces alguien les dice a ustedes: “Miren, aquí está el Mesías”, o “Miren, allí está”, no lo crean. 24Porque vendrán falsos mesías y falsos profetas; y harán grandes señales y milagros, para engañar, a ser posible, hasta a los que Dios mismo ha escogido. 25Ya se lo he advertido a ustedes de antemano. 26Por eso, si les dicen: “Miren, allí está, en el desierto”, no vayan; o si les dicen: “Miren, aquí está escondido”, no lo crean. 27Porque como un relámpago que se ve brillar de oriente a occidente, así será cuando regrese el Hijo del hombre. 28Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres. El regreso del Hijo del hombre 29»Tan pronto como pasen aquellos días de sufrimiento, el sol se oscurecerá, la luna dejará de dar su luz, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales temblarán. 30Entonces se verá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y llenos de terror todos los pueblos del mundo llorarán, y verán al Hijo del hombre que viene en las nubes del cielo con gran poder y gloria. 31Y él mandará a sus ángeles con una gran trompeta, para que reúnan a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde un extremo del cielo hasta el otro. 32»Aprendan esta enseñanza de la higuera: Cuando sus ramas se ponen tiernas, y brotan sus hojas, se dan cuenta ustedes de que ya el verano está cerca. 33De la misma manera, cuando vean todo esto, sepan que el Hijo del hombre ya está a la puerta. 34Les aseguro que todo esto sucederá antes que muera la gente de este tiempo. 35El cielo y la tierra dejarán de existir, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. 36»En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre. 37»Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. 38En aquellos tiempos antes del diluvio, y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. 39Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. 40En aquel momento, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado. 41De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra será dejada. 42»Manténganse ustedes despiertos, porque no saben qué día va a venir su Señor. 43Pero sepan esto, que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto y no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar. 44Por eso, ustedes también estén preparados; porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen. El criado fiel y el criado infiel 45»¿Quién es el criado fiel y atento, a quien su amo deja encargado de los de su casa, para darles de comer a su debido tiempo? 46Dichoso el criado a quien su amo, cuando llega, lo encuentra cumpliendo con su deber. 47Les aseguro que el amo lo pondrá como encargado de todos sus bienes. 48Pero si ese criado es un malvado, y pensando que su amo va a tardar 49comienza a maltratar a los otros criados, y se junta con borrachos a comer y beber, 50el día que menos lo espere y a una hora que no sabe, llegará su amo 51y lo castigará, condenándolo a correr la misma suerte que los hipócritas. Entonces vendrán el llanto y la desesperación.  
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